RESEÑA HISTÓRICA DEL INSTITUTO DEL PUERTO DE








SAN ANTONIO









 
77 años de excelencia y formación en valores. Distintos momentos históricos, diversidad de liderazgos en la conducción de esta casa de estudios. Férreo compromiso de padres y apoderados. Docentes altamente capacitados para el trabajo de aula. Alumnos y alumnas  con una clara convicción de desarrollo intelectual  y un soporte valórico cristiano,  han sido los pilares irreductibles, desde los cuales el Instituto del Puerto ha madurado y contribuido al desarrollo de la provincia y la  región.








“ El 5 de abril, que ha sido siempre auspicioso para los chilenos, será recordado por la presente generación de habitantes del puerto de San Antonio, como uno de los días más felices de que ellos puedan vanagloriarse hasta la fecha, con íntima satisfacción y orgullo. En efecto, desde el domingo último, San Antonio cuenta entre sus conquistas espirituales la creación de un alto centro educacional que, con el nombre de Instituto del Puerto, vendrá a llenar una de las más sentidas aspiraciones de nuestra colectividad, asegurando para sus habitantes el inestable servicio de la enseñanza secundaria que hasta hoy día había que ir  a buscarla a la capital. Su fundador es el cura párroco don Abel García Huidobro, nombre que desde hoy en adelante San Antonio debe considerar como un de sus benefactores intelectuales y espirituales, más eminentes, por cuanto, debido a su iniciativa y esfuerzo, sin ayuda alguna de carácter oficial, ha podido dar cima a una obra grandiosa por sus fines y las proyecciones que ella acarreará para nuestro porvenir, en el campo educacional e intelectual”. De esta manera, La Voz del Puerto, diario de la época,  introducía la noticia sobre el acto de inauguración del plantel de segunda enseñanza. Desde ese domingo, el colegio comenzó su ruta y , fiel a su leyenda “ Duc in Altum”, ha sabido guiar a niños y jóvenes hacia el descubrimiento de un mundo nuevo, a la conquista de la verdad y a la concreción de los valores cristianos.

Comenzaron 86 alumnos en cuatro cursos de preparatoria y, desde ahí, muchos educandos han pasado por nuestras aulas, sabiendo aprovechar las altas competencias académicas de sus educadores. Generación tras generación vemos como, ellos engrosan las aulas universitarias de nuestro país y despliegan todas las habilidades intelectuales  y el compromiso valórico aprendido aquí.
Fueron los propios habitantes de San Antonio, sabiendo de lo importante  que era disponer de un colegio de continuación  quienes pusieron todo el empeño para que esta obra  no declinara o perdiera su inicial motivación. La formación integral de nuestros estudiantes implica un pleno conocimiento de las leyes científicas , de un acabado manejo de los procesos sociales  y culturales, de una  transversalidad  valórica que fortalezca la competitividad  sana para crecer. Y, también, el descubrimiento de los talentos artísticos que profundizan una mirada autónoma y crítica  de la sociedad.








El padre Abel García Huidobro no hubiera podido desarrollar esta idea sin la ayuda del padre dominico, Roberto Moreno Guevara,  prestigioso educador y rector, por más de diez años,  dela Academia de Humanidades. Fue el organizador y propulsor de la luminosa idea de la creación del Instituto del Puerto. Como Vicerrector, supo organizar el  colegio, crearle ambiente propicio en el pueblo, rodear de sólido prestigio la enseñanza impartida, seleccionar un profesorado de lujo, desarrollar el sentido de pertenencia de los alumnos  por su colegio, campeonatos deportivos, excursiones, publicación de un periodico estudiantil. Fueron algunas de las actividades impulsadas por él. En el año 1940 se opera una importante transformación. Don Abel García Huidobro deja la rectoría y el arzobispado de Santiago toma al Instituto bajo su juridicción y nombra rector al sacerdote Luis Gallardo O”neill.








Dentro de este período se fortificaron las defensas contra el cerro de arena, se ideó el uniforme de pantalón blanco, de chomba de cuello subido y la insignia “ I del  P”, con que se identificaron durante casi 20 años los alumnos del colegio, se fundó una brigada de exploradores, se mantuvo un internado hogar y medio pupilaje con más de 40 niños.Posteriormente, se produce otro cambio importante en el desarrollo del Instituto. Para dar una mayor estabilidad y firmeza a la gran obra ya empezada, el Cardenal José María Caro, entrega la conducción del colegio a los Hnos. del Sagrado Corazón, llegados a Chile en  1945. Hnos: Antimo, Onésimo, Juan Regis, Pablo, Jean –Paul, Adriano, Roberto, Sergio y René, se suceden en la Dirección y despliegan sus mejores motivaciones para ubicar al Instituto del Puerto como un prestigioso centro educativo para San Antonio, la región y el país. El Instituto crece en infraestructura y prestigio, los alumnos, como resultado de la gestión de los Hnos. se ubican en las mejores universidades del país y en carreras de primer nivel.. Las dependencias de 21 de mayo son cosntantemente refaccionadas y se hacen grandes inversiones en terreno. Son los Hnos. del Sagrado Corazón que, con visión de futuro, adquieren  estos terrenos donde, actualmente, está emplazado nuestro Instituto.








Los Hermanos del Sagrado Corazón deciden dejar la obra y el Obsipado de Melipilla , a través de  Monseñor Pablo Lizama Riquelme, entrega la conducción a los Padres Escolapios que  estaban centrados en la parroquia de Barrancas  Congregación de sacerdotes ligados a la educación, cuyo fundador es San José de Calasanz . A partir de ahí, el Instituto da un salto, significativamente importante, al decidir entrar a Jornada Escolar Completa y  pone gran parte de su energía en la construcción, acorde a los  tiempos, de una  infraestructura de primer nivel  para su plantel. Además, con  ellos, se amplía la cobertura educativa, otorgándole la posibilidad de una educación de excelencia a niñas de san Antonio y transformando al tradicional colegio de hombres , en mixto.En nuestras actuales dependencias se concentra toda la energía y motivaciones que distintas personas han depositado  durante  estos 75 años. Son experiencias, ideales, vocación de servicio y cariño los que contribuyeron a forjar la imagen del Institutano e Institutana. Orgullosos lo decimos y, responsablemente, tratamos cada día de contribuir al crecimiento en la integralidad de los jóvenes.
Sin lugar a dudas, nuestra insignia, orgullosos la portamos y la defendemos, ella  es síntesis de nuestro quehacer. En ella, el corazón herido de Jesús, es el vaso comunicante con el reino de Dios y la incesante búsqueda  de la verdad. El libro enmarcado en laurel es el soporte del encuentro con la cultura intelectual y el sentido de la excelencia académica. El faro, luz en la oscuridad y en el mar infinito de la fe y la cultura, es el soporte que nos cobija y nos conduce hacia lo alto. Nuestro “Duc in Altum”